Contrapesos

David Gómez Álvarez

Surgió como un saludable contrapeso al presidencialismo mexicano. Fue una iniciativa de los gobernadores de oposición para hacer frente al entonces presidente panista Vicente Fox. El detonante fue la oposición de los gobernadores del PRI al intento de aumento del IVA. Así fue como surgió, hace casi dos décadas, la Conferencia Nacional de Gobernadores: como una instancia políticamente necesaria, pero constitucionalmente inexistente. En su momento, significó el fin del control político del Presidente sobre las gubernaturas: un triunfo del país frente al centralismo.


La Conago sirvió, entre otros propósitos, para descentralizar recursos federales que les permitieron a los estados ejercer una mayor proporción del gasto público nacional. Sin embargo, el incremento en las transferencias de recursos federalizados, producto de la bonanza petrolera, no fue acompañado de una mayor vigilancia del gasto descentralizado. Esto permitió que muchos gobernadores incurrieran en despilfarros y corrupción que debilitaron y desacreditaron a la Conago como instancia efectiva de cabildeo por recursos federales.


Pese a todo, la Conago fue un contrapeso clave no solo para reactivar el federalismo, sino para generar equilibrios políticos en la República. Durante tres sexenios, de Fox a Peña Nieto, fue un dique de contención al poder presidencial, hasta el triunfo de López Obrador, cuando la relación entre los ejecutivos federal y estatales entró en crisis. La Conago nació y murió por la misma razón: la rebeldía de los gobernadores de oposición.


El reclamo de los gobernadores opositores comenzó desde finales de 2018, cuando algunos mandatarios estatales se inconformaron por el presupuesto aprobado para el siguiente año. El reclamo de entonces sigue siendo el mismo: un presupuesto que privilegia únicamente las obras prioritarias del Presidente, sin considerar las peticiones particulares de los gobernadores. Lo que es más, en ese mismo año se anunció la desaparición del ramo 23 del presupuesto, una bolsa que se repartía de forma discrecional entre los estados, que terminó por confrontar abiertamente a varios gobernadores con el Presidente.

Después vino la pandemia a agravar la tirante relación entre las regiones y el centro. Tras la inacción inicial del gobierno federal frente al Covid, los gobernadores tuvieron que reaccionar como pudieron. Según datos del proyecto Federalismo en Covid -un estudio en conjunto del CIDE, Transversal, Laboratorio Nacional de Políticas Públicas y la Universidad de Guadalajara- los estados anunciaron 629 acciones para mitigar la crisis, de las cuales la mitad fueron con recursos propios, pero de forma poco transparente. Paradójicamente, la opacidad y discrecionalidad del gobierno federal que tanto critican los gobernadores se replica en el ámbito estatal.


La gota que derramó el vaso fue el errático y sesgado manejo de la pandemia por el vocero presidencial, que terminó por unir a todos los gobernadores de oposición, e incluso algunos del oficialismo, en contra del gobierno federal. El uso político de los datos de salud ha sido fuente permanente de conflicto entre autoridades que, en lugar de coordinarse, se obstaculizan entre sí. El anémico federalismo mexicano cayó enfermo.


La nueva agrupación política de los gobernadores de oposición, llamada Alianza Federalista, ha planteado la urgente necesidad de revisar el pacto fiscal federal. Sin embargo, no se ha comprometido a hacer su parte: un mayor esfuerzo recaudatorio, pero sobre todo, asumir salvaguardas más exigentes en la vigilancia del gasto público. Una tercera parte de los estados optaron por adquirir deuda, con la justificación de la pandemia, pero ninguno quiere asumir el costo político no de cobrar más, sino mejores impuestos. Pero sobre todo, no se han comprometido a garantizar los contrapesos a nivel local que exigen en lo nacional.