Tiempos de adversidades y oportunidades

Felipe Medel

 

En este año, todos los días de enero a la fecha no hay ningún tema que sobreponga discusiones en la agenda global más que la emergencia sanitaria, sabemos bien que puso en aprietos a todos y en particular a las capacidades directivas de los gobiernos con mayor énfasis en los gobiernos urbanos. Las grandes ciudades mexicanas comenzaron con obviedades, que evidenciaron problemáticas estructurales, institucionales y organizacionales. 

 

Las ciudades son sistemas complejos, pero constantemente incompletos con extendida intensidad de procesos de interdependencia que juegan en contra; hoy, vivir en las ciudades es pensar en caos y en sus últimas consecuencias. 

 

Los peligros a los que estamos expuestos pueden ser técnicamente minimizados, pero jamás excluidos, tienen la promesa de certidumbre y seguridad. En los primeros meses se reflexionaba la necesidad de medidas restrictivas y obligatorias de cuarentena como respuesta única para la gestión del riesgo, con criterios de contención y mitigación. Hoy y después de tantos meses con algunos datos se reaviva el pensamiento catastrófico. 

 

El interrogante: ¿Todo está perdido? No, los imperativos de la resiliencia se hacen presentes, la necesidad de transformación, adaptación y resistencia propician un nuevo lenguaje político, claro, con referencias en la inseguridad y en la incalculabilidad de las adversidades que están por llegar –un barco a la deriva –para ser claro. 

 

La resiliencia es una cualidad natural, es una condición de los seres vivos, es un proceso de adaptación y transformación constante e infinito, sus atributos son siempre en negativo, condiciona en todo momento realidades e imaginarios en la construcción de futuro, es el ahora ya que las adversidades imposibilitan el futuro pensado, es un esperar con paciencia y avanzar con cautela. 

 

Los gobiernos en formas agregadas e integradas, con factores, obstaculizadores y limitaciones debieran en su imaginario poder en todo momento gestionar el riesgo con toda y las imposibilidades económicas, financieras y presupuestales que implican. 

 

El resultado: gobiernos perplejos, ya que arrastran desconfianzas e incertidumbres, lo que pone en tela de juicio lo público, que justifica con mayor preponderancia la frase de Ulrich Beck cuando dice que “las personas están mejor adaptadas que las instituciones sociales y sus representantes”, las insuficiencias e ineficiencias ya conocidas. 

 

La demostración de las capacidades institucionales en entornos de riesgo como lo ocasionados por la emergencia sanitaria por COVID-19 deben imperiosamente adquirir procesos de planeación donde la convergencia de los gobiernos locales facilite las políticas públicas capaces de mantener un entorno habitable, accesible, adecuado y transformado. 

 

La respuesta ante la crisis del entorno habitable que propicia la emergencia sanitaria es el uso de la resiliencia como término emergente que se convierte en un propósito inevitable que garantiza significativamente la revalorización de las capacidades institucionales para lidiar y dar respuesta a los desafíos presentes. 

 

*Beck, U. (2002). La sociedad del riesgo global. España. Siglo XXI Editores.

 

Colegio de Administradores Gubernamentales y Políticas Públicas A.C.